De la Maza Consulting and Films
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Prensa

Mauricio de la Maza-Benignos: Cinema as Risk, Not as a Comfort

FilmmakerLife Magazine, Issue 119, 2026

Publicado originalmente por FilmmakerLife Magazine, Issue 119, marzo 2026. Por Marisa Lovet, periodista cultural. filmmakerlife.com
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Páginas de la edición impresa, reproducidas con autorización de FilmmakerLife Magazine.

Traducción al español

Elegir el cine como riesgo y no como comodidad se convierte en una postura ética. Para Mauricio de la Maza-Benignos, hacer cine no es una industria ni una profesión: es una necesidad. No filma para explicarse a sí mismo ni para complacer; filma porque hay algo que decir, y el cine —como lenguaje— le ofrece la posibilidad de comunicar aquello que, insiste, lo incomoda, y para lo cual no encuentra otro medio de expresión. "No ando buscando un hombro en quien llorar", dijo. En su cine, esa frase se traduce en una voluntad clara: comunicar desde su propio esquema, llevar su pasión hasta sus últimas consecuencias.

Reservado personalmente, pero de espíritu libre en sus ideales, De la Maza-Benignos se mueve en una tensión constante entre la contención y el desborde. Esa dualidad atraviesa su obra y encuentra una raíz profunda en su formación interdisciplinaria. Se graduó summa cum laude con un doctorado en Biología por la UANL; tiene un MBA de Lancaster University, Reino Unido; una licenciatura en Ingeniería Agrónoma del Tecnológico de Monterrey; una licenciatura en Derecho con Mención Honorífica de Excelencia por TecMilenio, y una maestría con Mención Honorífica de Excelencia en Arte Cinematográfico de la Escuela de Cine Ilumina. Lejos de ser una acumulación ornamental de credenciales, esta arquitectura formativa configura su mirada: observar sin precipitarse, registrar sin domesticar, exponer procesos sin imponer significados.

"Somos primates", dice, y en esa frase se condensa una ética artística: la disrupción debería ser natural. No deberíamos escandalizarnos por un cuerpo desnudo bailando en el bosque, o por una imagen que rompe el orden esperado. La transgresión no es una pose vacía ni una provocación; es origen. En su cine no hay deseo de reordenar el mundo, sino de mostrarlo en su estado más frágil y contradictorio.

Ese impulso se percibe con claridad en sus primeras obras, particularmente en los cortometrajes El Ciudadano y El Bonito, donde la observación se convierte en una forma de relación con el mundo. El cine funciona como un laboratorio: observar, esperar, dejar que la realidad se revele, sin forzarla. No hay urgencia por narrar ni por una estructura narrativa fija, sino una atención sostenida a lo que ocurre en los márgenes. El gesto es casi científico, pero nunca frío. Hay una sensibilidad que se filtra en cada plano, una inquietud que se niega a permanecer neutral.

Antes del cine estuvieron la Ciencia y el Derecho. Dos campos que, lejos de haber sido abandonados, siguen operando como estructuras de pensamiento en su obra: el Derecho en sus dimensiones filosóficas; el medio ambiente y los derechos humanos, por su carga ética y política. Su experiencia como director de organizaciones no gubernamentales refuerza una relación crítica con el mundo que no es contemplativa. Observar, registrar y exponer: estas acciones sustituyen cualquier tentación de adoctrinar. De la Maza-Benignos no filma para explicar ni justificar nada, sino para comunicar una visión del mundo, atravesada por lo que le molesta, lo que le duele, y lo que no puede articularse desde un discurso racional.

En su transición al largometraje, su cine evoluciona. Los elementos de observación permanecen, cruzados por elementos nuevos: lo absurdo, lo extraño, la irrupción de situaciones que rompen la lógica cotidiana. Esto es lo que ocurre en Cora, su tercer largometraje, y que se profundiza en el más reciente, El Zapato, donde el lenguaje cinematográfico se expande hacia territorios aún más radicales. No es un giro caprichoso, sino una expansión del lenguaje. Lo absurdo aparece como una herramienta que le permite manifestar lo indecible, detonar otras realidades posibles: imágenes al límite, recursos prácticos, momentos de transgresión que desarman la expectativa del espectador y lo obligan a mirar de nuevo.

Su cine no busca estabilidad ni comodidad. Está construido sobre el riesgo. Desde la ruptura con las estructuras narrativas convencionales. No hay aquí interés en complacer ni en ofrecer respuestas cerradas. Al contrario, su obra plantea una pregunta incómoda que atraviesa las dimensiones sociales y políticas: ¿cómo llegamos a esta polarización? ¿En qué momento la barbarie se volvió paisaje? ¿Qué significa hoy hablar de inclusión en un contexto donde la violencia parece normalizada? La pregunta no se enuncia de forma directa, pero recorre cada imagen, cada decisión formal.

Para De la Maza-Benignos, el cine es un espacio de fisura: un lugar donde la imagen puede decir lo que el lenguaje verbal no alcanza, donde el cuerpo, el gesto y el absurdo se convierten en herramientas de pensamiento. Su compromiso es claro: no explicar el mundo, sino exponer sus grietas; no ordenar el caos, sino permitir que se manifieste.

"Al final, todo vuelve a su origen." Para él, el cine no es una meta profesional ni un destino, sino una forma de existir en el mundo. Como un niño que toma crayones para experimentar, filmar es un acto de exploración constante. Su obra desafía las expectativas del espectador, no para burlarse de él, sino para desarmarlo. Entender cómo llegamos hasta aquí —esta violencia, esta polarización— exige mirar las cosas de otra manera. Y en ese gesto, el cine vuelve a convertirse en riesgo. En lenguaje. En necesidad.

—Marisa Lovet, periodista cultural